24 may. 2012

Terminar històries

Trivial dels animals

L’OCA DELS ANIMALS

Objectiu:
Ser el primer en arribar a la casella central “ARRIBADA”, anant avançant diferents
posicions segons la tirada dels daus, i segons les condicions de cada casella. Els propis
companys seran els responsables d’observar i valorar si la resposta de la casella és
correcta.
Material i jugadors:
- La taula de joc.
- Una fitxa de diferent color per cada jugador i un dau.
- Fitxes amb preguntes.
- Jugadors: de 2 a 4 que aniran tirant per ordre.


Regles del joc:
ANIMALS: caselles 1, 4, 7, 9, 11, 14, 17, 20 i 26. Si es cau en una d’aquestes caselles
haurem de dir de quin animal es tracta; si és ovípar o vivípar; si és domèstic o salvatge i
si és mamífer, au, peix, amfibi o rèptil.
A més, si es cau en una d’aquestes caselles es passarà a l’altre i es podrà tornar a tirar
el dau:
- Si caiem en la casella número 1 (àguila) anirem a la número 4 (ocell) i direm
“D’ocell a ocell i tir perquè em toca”.
- Si caiem en la casella número 7 (serp) anirem a la número 11 i direm “De rèptil
a rèptil i tir perquè em toca”
- Si caiem en la casella número 9 (lleó) anirem a la número 14 (dofí) i direm “De
mamífer a mamífer i tir perquè em toca”
- Si caiem en la casella número 17 (cavallet de mar) anirem a la número 20 i
direm “De peix a peix i tir perquè em toca”
- Si caiem en la casella número 7 (serp) anirem a la número 11 i direm “De rèptil
a rèptil i tir perquè em toca”


POU: casella 12. Si es cau en aquesta casella estarà un torn sense jugar.
PRESÓ: casella 23. Si es cau en aquesta casella, el jugador haurà d’estar un torn sense
jugar.
ARRIBADA: casella 28. Es necessari treure els punts justos per entrar, sinó s’haurà de
retrocedir tantes caselles com el nombre del dau ens indiqui.

3 may. 2012

La casa en el desierto

 Fantástico cuento de Gianni Rodari. Cuentos para jugar. A los niños les entusiasma escucharlo mientras nos sentamos en círculo en una atmósfera atractiva y en un todo motivante, con la consiguiente propuesta de inventar un final.

 

La casa en el desierto



Había una vez un señor muy rico. Más rico que el más rico de los millonarios americanos. Incluso más rico que el Tío Gilito. Superriquísimo. Tenía depósitos enteros llenos de monedas, desde el suelo hasta el techo, del sótano a la buhardilla. Monedas de oro, de plata, de níquel. Monedas de quinientas, de cien, de cincuenta. Liras italianas, francos suizos, esterlinas inglesas, dólares, rublos, zloty, dinares. Quintales y toneladas de monedas de todas clases y de todos los países. De monedas de papel tenía miles de baúles llenos y sellados.
Este señor se llamaba Puk.
El señor Puk decidió hacerse una Casa.
—Me la haré en el desierto —dijo—, lejos de todo y de todos.
En el desierto no hay piedra para hacer casas, ni ladrillos, argamasa, madera o mármol... No hay nada, sólo arena.
—Mejor —dijo el señor Puk—, me haré la casa con mi dinero. Usaré mis monedas en vez de la piedra, de los ladrillos, de la madera y del mármol.
Llamó a un arquitecto e hizo que le diseñara la casa.
—Quiero trescientas sesenta y cinco habitaciones —dijo el señor Puk—, una para cada día del año. La casa debe tener doce pisos, uno por cada mes del año. Y quiero cincuenta y dos escaleras, una por cada semana del año. Hay que hacerlo todo con las monedas ¿comprendido?
—Harán falta algunos clavos...
—Nada de eso. Si necesita clavos, coja mis monedas de oro, fúndalas y haga clavos de oro.
—Harían falta tejas para el techo...
—Nada de tejas. Utilizará mis monedas de plata, obtendrá una cobertura muy sólida.
El arquitecto hizo el diseño. Fueron necesarios tres mil quinientos autovías para transportar todo el dinero necesario en medio del desierto.
Se necesitaron cuatrocientas tiendas para alojar a los obreros.
Y se empezó. Se abrieron los cimientos y después, en vez de echar el cemento armado, venga de monedas a carretadas, a camiones llenos. Luego las paredes, una moneda sobre otra, una moneda junto a otra. Una moneda, un poco de argamasa, otra moneda. El primer piso todo de monedas italianas de plata de quinientas liras. El segundo piso, todo de dólares y de cuartos de dólar.
Después las puertas. Estas también hechas con monedas pegadas entre sí. Luego las ventanas. Nada de cristales: chelines austriacos y marcos alemanes bien encolados y, por dentro, forradas con billetes de banco turcos y suizos. El tejado, las tejas, la chimenea: todos hechos con monedas contantes y sonantes. Los muebles, las bañeras, los grifos, las alfombras, los peldaños de las escaleras, el enrejado del sótano, el retrete: monedas, monedas, monedas por todas partes, únicamente monedas.
Todas las noches el señor Puk registraba a los albañiles cuando dejaban el trabajo para asegurarse de que no se llevaban algún dinero en el bolsillo o dentro de un zapato. Les hacía sacar la lengua porque también, si se quería, podía esconderse una rupia, una piastra o una peseta debajo de la lengua.
Cuando se terminó la construcción aún quedaban montañas y montañas de monedas. El señor Puk hizo que las llevaran a los sótanos, a las buhardillas, llenó muchas habitaciones, dejando sólo un pasaje estrecho entre uno y otro montón, para pasear y hacer cuentas.
Graphics

Y luego se fueron todos, el arquitecto, el capataz, los obreros, los camioneros, y el señor Puk se quedó solo en su inmensa casa en medio del desierto, en su gran palacio hecho de dinero, dinero bajo los pies, dinero sobre la cabeza, dinero a diestra y siniestra, delante y detrás, y adonde fuera, a cualquier parte que mirara, no veía más que dinero, dinero, dinero, aunque se pusiera con la cabeza para abajo no veía otra cosa. De las paredes colgaban centenares de cuadros valiosísimos: en realidad no estaban pintados, era dinero colocado en marcos, y hasta los marcos estaban hechos con monedas. Había centenares de estatuas, hechas con monedas de bronce, de cobre, de hierro.
En torno al señor Puk y a su casa estaba el desierto, que se extendía sin fin hacia los cuatro puntos cardinales. A veces llegaba el viento, del Norte o del Sur, y hacía batir las puertas y las ventanas que producían un sonido extraordinario, un tintineo musical, en el que el señor Puk, que tenía un oído finísimo, lograba diferenciar el sonido de las monedas de los diferentes países de la tierra: «Este dinn lo hacen las coronas danesas, este denn los florines holandeses... Y, esta es la voz del Brasil, de Zambia, de Guatemala...»
Cuando el señor Puk subía las escaleras reconocía las monedas que pisaba sin mirarlas, por el tipo de roce que producían sobre la suela de los zapatos (tenía unos pies muy sensibles). Y mientras subía con los ojos cerrados murmuraba: «Rumania, India, Indonesia, Islandia, Ghana, Japón, Sudáfrica...»
Naturalmente dormía en una cama hecha con dinero: marengos de oro para la cabecera y para las sábanas, billetes de cien mil liras cosidos con hilo doble. Como era una persona extraordinariamente limpia, cambiaba de sábanas todos los días. Las sábanas usadas las volvía a guardar en la caja de caudales.
Para dormirse leía los libros de su biblioteca. Los volúmenes se componían de billetes de banco de los cinco continentes, cuidadosamente encuadernados. El señor Puk no se cansaba nunca de hojear esos volúmenes, pues era una persona muy instruida.
Una noche, precisamente cuando hojeaba un volumen del Banco del Estado australiano...

Primer final



Una noche el señor Puk oye que golpean una puerta del palacio y no se equivoca, dice: «Es la puerta hecha con esos antiguos táleros de María Teresa.»
Va a ver y no se ha equivocado. Son los bandidos.
—La bolsa o la vida.
—Por favor, señores, entren y observen: no tengo bolsas ni bolsillos.
Los bandidos entran y no se toman ni siquiera la molestia de mirar a las paredes, las puertas, las ventanas, los muebles. Buscan la caja fuerte: está llena de sabanas y desde luego ellos no están allí para comprobar si son de hilo o de papel afiligranado. En toda la casa, desde el primer al duodécimo piso, no hay ni una bolsa ni un bolsillo. Hay extraños montones de algo, en ciertas habitaciones, en los sótanos, en las buhardillas, pero está oscuro, no se ve de qué se trata. Además, los ladrones son gente concreta: ellos quieren la cartera del señor Puk, y el señor Puk no tiene cartera.
Los bandidos primero se enfadan y luego se echan a llorar: han atravesado todo el desierto para efectuar ese robo y ahora tienen que volverlo a atravesar con las manos vacías. El señor Puk, para consolarles, les ofrece limonada fresca. Luego los bandidos desaparecen en la noche, derramando lágrimas en la arena. De cada lágrima nace una flor. A la mañana siguiente el señor Puk puede contemplar un bellísimo paisaje florido.

Segundo final



Una noche el señor Puk oye golpear a una puerta y no se equivoca: «Es la que está hecha con esos antiguos táleros del Negus de Etiopía.»
Va a abrir. Son dos niños perdidos en el desierto. Tienen frío, tienen hambre, lloran.
—Una limosna.
El señor Puk les da con la puerta en las narices. Pero ellos continúan llamando. Al fin el señor Puk se apiada de ellos y les dice: —Coged esta Puerta.
Los niños la cogen. Pesa, pero es toda de oro: se la llevan a casa, podrán comprarse café con leche y pastas.
En otra ocasión llegan otros dos niños pobres y el señor Puk les regala otra puerta. Entonces se corre la voz de que el señor Puk se ha vuelto generoso y llegan pobres de todas partes del desierto y de las tierras habitadas y nadie se vuelve con las manos vacías: el señor Puk regala a uno una ventana, a otro una silla (hecha de moneditas de cincuenta céntimos), etcétera. Al cabo de un año ya ha regalado el techo y el último piso.
Pero los pobres continúan llegando en largas filas desde todos los rincones de la tierra.
«No sabía que fuesen tantos», piensa el señor Puk.
Y, año tras año, les ayuda a destruir su palacio. Después se va a vivir en una tienda, como un beduino o un campista, y se siente tan, pero tan ligero.

Tercer final



Una noche el señor Puk, hojeando un volumen de billetes de banco, encuentra uno falso. ¿Cómo habrá llegado allí? Y... ¿y no habrá más? El señor Puk hojea rabiosamente todos los volúmenes de su biblioteca y encuentra una docena de billetes falsos.
—¿No habrá también monedas falsas rodando por la casa? Tengo que mirar.
Como ya se ha dicho, es una persona muy sensible. No le deja dormir la idea de que en un rincón cualquiera del palacio, en una teja, en un taburete, pegada a una puerta o a un muro, haya una moneda falsa.
Y así empieza a deshacer toda la casa, en busca de las monedas falsas. Empieza por el tejado y va hacia abajo, un piso tras otro, y cuando encuentra una moneda falsa se pone a gritar: —La reconozco, me la dio aquel bribón, el Tal de Cual...
Conoce sus monedas una a una. Hay poquísimas falsas porque siempre se ha fijado mucho en el dinero, pero cualquiera puede tener un momento de distracción.
Así que ha desmontado toda la casa, pedazo a pedazo. Allí está, en medio, del desierto, sentado encima de un montón de ruinas de plata, oro y papel del Banco de Italia. Ya no tiene ganas de reconstruir la casa desde el principio. Tampoco le apetece abandonar el montón. Se queda allí arriba, furioso. Y de estar siempre encima de su montón de monedas se va haciendo cada vez más pequeño. También él se convierte en una moneda. Se convierte en una moneda falsa. De forma que cuando la gente viene a apoderarse de todo aquel dinero, a él le tiran en medio del desierto.

2 may. 2012

La entrevista

PROPUESTA: LA ENTREVISTA

  1. Diálogo en gran grupo:
    1. ¿Hemos escuchado o visto una entrevista en las noticias de la radio o la televisión?
    2. ¿Hemos leído entrevistas en revistas o periódicos?
    3. ¿Qué personas pueden ser entrevistadas?
    4. ¿Acerca de qué se les puede interrogar?
    5. ¿Qué es una entrevista?
    6. ¿Cuál es su utilidad?
  2. Lectura colectiva de dos ejemplos de entrevista ficticia:
    1. Entrevista con Flynn Rider
    2. Entrevista con Rapunzel.
  3. Comentario de la lectura:
    1. ¿Quiénes son los protagonistas de las entrevistas?
    2. ¿Qué elementos forman una entrevista? ¿Qué partes?
  4. Visualizar entrevista ficticia a Harry Potter por alumnos de un colegio.
  5. El maestro realiza a algunos alumnos una pequeña entrevista de muestra.
  6. Vamos a crear nuestras propias entrevistas:
    1. Organizamos la clase en parejas o tríos.
    2. Cada pareja debe elegir un tema para su entrevista: familia, amigos, trabajo, serie de televisión, animales, algún lugar, personaje famoso…
    3. Repartimos roles: uno debe ser el entrevistador y otro el entrevistado.
    4. Redactamos el guión de la entrevista: puntos que debe tener, cuantas preguntas realizaremos…
  7. Grabación de entrevistas como en un programa de la tele.
  8. Podemos entregar a los alumnos algunos ejemplos de preguntas para sus entrevistas. 



3. PARTES DE UNA ENTREVISTA

Entrevistador y entrevistado

Introducción
En ella se dan a conocer los motivos que generaron la entrevista, pues hay que recordar que si bien ésta se lleva a cabo entre dos personas, el destinatario final es el público que está atento a ella y, por tanto, debe saber el porqué y a quién entrevistamos.

Cuerpo
Es la entrevista propiamente dicha, es decir, son las preguntas y respuestas. Hay que considerar que las preguntas que se formulen deben ser: sencillas y directas, claras y sobre todo respetuosas y lógicas.

Cierre o conclusión
Es la parte final de la entrevista, en donde el entrevistador da su punto de vista acerca de la información que obtuvo.


Entrevista Harry Potter: